Hace unos días, el influencer Santiago Maratea juntó a través de una campaña con sus seguidores de Instagram 8 millones de pesos en 24 horas para comprarle una casa a Margarita Meira de la Asociación Madres Víctimas de Trata que brinda asistencia a mujeres que sufrieron explotación sexual y que estaba por ser desalojada de la sede de la asociación.

No es la primera vez que se suma a ayudar a una causa, ya recolectó donaciones para comprar dos camionetas para la comunidad wichi hace un mes, y evitó el cierre de la Fundación Empate de Córdoba para personas con Síndrome de Down unas semanas atrás.

La iniciativa en redes de Santiago Maratea fue amplificada no solo por sus followers sino también por celebrities, famosos, actores e incluso por profesionales dedicados a género y DDHH.
Los medios tradicionales como la TV y la radio llegaron tarde a contar la noticia que estaba en boca (¿o en mano y smartphone?) de todos y fueron señalados por eso. Ignorar a las RRSS como focos de producción de sentido y experiencias ya no es posible.

Este CROWDFUNDING solidario me hizo recordar la historia de la construcción de la Estatua de la Libertad de New York.

La Estatua de la Libertad, además de ser un monumento importante en la ciudad de Nueva York, se convirtió en un símbolo en Estados Unidos y representa, en un plano más general, la libertad y emancipación con respecto a la opresión. Desde su inauguración en 1886, la estatua fue la primera visión que tenían los inmigrantes europeos al llegar a Estados Unidos tras su travesía por el océano Atlántico.

La ciudad se quedó sin dinero para instalarla y The New York World fue a su rescate. John Pulitzer, el dueño de ese periódico, creía que el sueño de emplazarla podía cumplirse colectivamente, centavo a centavo, para que finalmente ese símbolo de libertad que representaba la estatua estuviera a la vista de todos.

El diario recibió pequeñas donaciones de 125.000 personas y se recaudaron 102.000 dólares (unos 3 millones en dólares al día de hoy). Pulitzer imprimió los nombres de todos y cada uno de los donantes en su periódico, sin importar si habían contribuido con una moneda de diez centavos o un dólar. Y vendió periódicos como si no hubiera un mañana. Todo el mundo quería ver su nombre publicado en el diario. Total, por un céntimo… El dinero se envió al comité de recaudación de fondos de la Estatua de la Libertad y se aseguró el futuro del monumento en Nueva York. Y así se inventó oficialmente el concepto de crowdfunding: microdonaciones anónimas para financiar proyectos.

Seguramente la antorcha en el caso de Santiago es la felicidad de lo generado colectivamente y la libertad es LOGRAR que su influencia sea usada para fines que mejoran la calidad de vida de comunidades, personas o agrupaciones vulnerables.

La libertad iluminando el mundo es el título de la escultura que comúnmente conocemos como Estatua de la Libertad, y creo que sigue habiendo una actualidad tremenda en lo que simboliza su nombre original.

Como se dio cuenta Santi Maratea, quizás accidental o conscientemente, poco importa, la realidad nos demuestra que tenemos en nuestras manos la posibilidad de elegir qué hacer con lo que generamos y también la capacidad de vincularnos con otras personas para potenciar eso y darle un propósito que trascienda lo individual.

Ojalá la libertad ilumine el mundo y seamos todos mucho más solidarios. Dejemos el ego de lado y construyamos desde la cooperación.

Con Amor, Germán

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